Lo que hoy constituye la República Árabe de Egipto es tierra de los descendientes de aquellos pobladores milenarios que se asentaron por primera vez a las vitales orillas del Río Nilo hace más de 3 mil años, tierra también de las más perversas codicias coloniales y neocoloniales, y territorio de disputa violenta una y otra vez, por parte de los más rapaces y despóticos imperios contemporáneos, como el británico, el francés y el estadunidense que usan para su control y explotación, desde las más triviales hasta las más sofisticadas y engañosas estratagemas y falsificaciones para la consecución de sus objetivos.
La realidad actual, política,
económica, religiosa y geoestratégica es producto de una más de tales
estratagemas urdidas desde el exterior que capitalizó, también en su
provecho, las legítimas aspiraciones del pueblo egipcio a mayor libertad
y democracia, a una mayor honestidad de sus gobernantes, a un mayor
control sobre los poderes públicos, pero también a una amplia
independencia del Estado y control de sus riquezas. Pero en estos dos
últimos rubros, el resultado es el contrario: la constitución
recientemente puesta en vigor (diciembre de 2012) declara consagrar el
sistema democrático como régimen de gobierno, el Islam como la religión
del Estado y a los principios de las leyes del Islam como la fuente
permanente de inspiración legislativa, del presente y del futuro. Su
sociedad, en forma abrumadoramente mayoritaria, es isalamista-sunnita.
Hasta el miércoles 3 de julio estuvieron en el poder los representantes
del Partido Justicia y Libertad, proveniente de la organización Hermanos
Musulmanes; si bien presente desde hace décadas en varios países de la
región, es de perfil político-ideológico y religioso tradicionalista y
conservador, aliada de Estados Unidos-Organización de Tratado del
Atlántico Norte (OTAN) y Occidente, así como subordinada a la hegemonía
militarista estadunidense desde los días de la “insurrección civil”
contra el expresidente Hosni Mubarak (que fue desechado cuando no era ya
mayormente útil a la nueva estrategia estadunidense en la zona, en
donde requiere una clara y profunda militancia contra el gobierno de
Irán). Además, sostenida por las plutocracias petroleras monárquicas
agrupadas en el Consejo de Países del Golfo, encabezado por la familia
real Saud que gobierna Arabia Saudita. Y, todos, anuentes con el
expansionismo sionista que castiga una y otra vez con brutalidad militar
y muerte las legítimas e integrales aspiraciones nacionales del pueblo
palestino. Y no dejamos de mencionar, porque es nuestra convicción, que
el pueblo de Israel también tienen derecho a existir con fronteras
seguras y en paz con sus vecinos.
Pero aquella realidad del Egipto de
hoy, emergida de la mal llamada Primavera Árabe, constituyó realmente un
rediseño estratégico que le permitió a Estados Unidos pasar desde una
postura de “contención” hacia el mundo árabe para proteger a Israel, a
una posición de ofensiva y captura; de optar por el islamismo dócil y
por los Estados teocráticos alineados, y del reforzamiento de la
vertiente del Islam al servicio de Occidente. Egipto se convirtió en
aliado estratégico de Estados Unidos y de sus organizaciones
hegemonizadas, como la OTAN, y complementa su alianza con otros
regímenes musulmanes como los del Consejo de Países del Golfo, todos,
estaban listos para una nueva etapa de la gran cruzada contra “el
terrorismo” islámico radical, hasta que las debilidades de Estados
Unidos, en distintos órdenes, llevaron a Barack Obama a una serie de
cambios estratégicos, incluyendo el abandono de la lucha contra el
terrorismo internacional, tal y como la heredó, y había seguido
practicando, de la administración de George Bush.
Por tanto, hay una reconversión
político-ideológica así como estratégica de la política de Estados
Unidos y Occidente en la región (y en todo el mundo), dentro de la cual
se abandonan como fórmulas prioritarias la “guerra asimétrica” y los
ataques preventivos, así como las “guerras de estabilización” y se
sustituyen por la guerra encubierta, la guerra informativa y la guerra
cibernética, procesadas en tierra por los “grupos de operaciones
tácticas especializados”. Por ello, el plan de dicho rediseño
estratégico en toda la zona ha sido la “Primavera Árabe”, es decir, las
rebeliones inducidas y el efecto dominó, por los servicios de
inteligencia occidentales, que aprovecharon magistralmente las fallas
severas y la caducidad de regímenes altamente personalizados y
autoritarios.
El plan no es una invención: recordemos
el derrocamiento por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su
sigla en inglés) del exprimer ministro Muhammad Mossadegh de Irán, luego
de que había dispuesto la nacionalización del petróleo, entonces
explotado por la anglo-iraní Oil Company, controlada por el gobierno
británico, que años después se llamó British Petroleum (y ahora BP), lo
cual hoy nadie niega, ni la CIA misma. Obsérvese solamente cómo varios
países, considerados desde la administración Bush en la lista de
“Estados canallas”, han caído: Afganistán, Irak, Yemen, Libia (estaban
también, Siria e Irán y Corea del Norte; y alguna vez estuvieron,
Venezuela y Cuba).
Porque a pesar de este cambio en la
correlación regional de fuerzas (nos referimos al Oriente Próximo y el
Norte de África), Estados Unidos ha aumentado su presencia militar en la
zona del Golfo Pérsico, como consignan distintos analistas. Por
ejemplo, tenía instalados en la región cerca de 320 misiles cruceros
subsónicos conocidos como Tomahawk, y la cifra está cercana hoy a 450,
seguramente apuntando a Siria y a la República Islámica de Irán. Sin
embargo, estudiosos de esta nueva estrategia consignan que no sólo Libia
y Siria forman parte del rediseño estratégico estadunidense, sino
también la República del Sudán, geográficamente africana y políticamente
del Oriente Medio, islámica y hoy territorialmente dividida, que es
objetivo neocolonialista por ser el único país que colinda con otras
nueve naciones, por su ubicación estratégica y riqueza petrolera.
Estructura de poder, coyuntura y golpe de Estado
En este golpe militar se integran tres
aspectos sustanciales: las protestas sociales masivas; la deposición del
presidente electo hace un año (agosto de 2012), y la suspensión de la
Constitución de corte islamista fundamentalista en Egipto, vigente
durante el mismo periodo.
Hay tres eventos de la crisis política
que preceden al golpe de Estado: a) en no más de 24 horas dimitieron los
ministros de Relaciones Exteriores, Turismo, Medio Ambiente,
Comunicaciones y Asuntos Jurídicos; además de los voceros de la
Presidencia, Omar Amer e Ihab Fahmi, y el del Consejo de Ministros, Alaa
al Hadidi, en desacuerdo con el presidente Mohamed Mursi por no dar
respuesta a las “demandas del pueblo”; b) a ello se sumó la advertencia
de las Fuerzas Armadas del país que exigieron una reinvidicación a los
manifestantes o de lo contrario anunciarían “una hoja de ruta y medidas
para supervisar su puesta en marcha” (www.rpp.com.pe/2013-07-02-presidente-de-egipto-acorralado-),
es decir, la toma de control de la situación; c) hubieron dos
intervenciones externas fundamentales: el presidente de los Estados
Unidos, Barack Obama, llamó a Mursi para expresarle su preocupación por
la crisis egipcia y pedir diálogo conciliador; no le manifestó
propiamente su respaldo político, ya que a –pregunta expresa de los
periodistas– Obama dijo que su “compromiso con Egipto se refiere a un
proceso, no a personas” (www.rpp.com.pe/2013-07-01-obama-pide-);
por su parte, la República Islámica de Irán pidió al ejército egipcio
que respetara “el voto de los electores”, lo cual sí fue una
manifestación de apoyo y solicitud de no injerencia en la coyuntura. Dos
semanas antes, el presidente Mursi rompió relaciones diplomáticas con
Siria y manifestó su apoyo a los opositores al presidente sirio (www.rpp.com.pe/2013-06-15-egipto-rompe-las-relaciones)
en una clara maniobra de alineamiento estratégico con la política
estadunidense en Oriente Próximo, que sin embargo, no le resultó.
Los factores mayores de poder:
a) El ejército como factor permanente
de poder, arbitró extraconstitucionalmente el conflicto de los últimos
días y tomó la decisión fundamental. Es el más grande de África y el más
grande del mundo árabe y, junto con Irán, del mundo islámico.
Tradicionalmente ha gozado de un amplio margen de independencia dentro
del Estado con amplios vínculos en la esfera de los negocios civiles, es
decir, con las empresas. Hay analistas que consideran que controlan
hasta un 40 por ciento de la economía egipcia, con gran secrecía en todo
ello. Su órgano máximo es el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas
(Mubarak entregó al mismo el poder el 11 de febrero de 2011, durante la
revuelta popular). Estados Unidos proporciona anualmente asistencia
militar a Egipto que supera los 1 mil millones de dólares. Este nivel de
asistencia militar es el segundo de Estados Unidos, tras Israel. El
papel estadunidense es fundamental desde la normalización de las
relaciones con Israel y para mantener dicho estatus. Es entonces un
poderoso factor de poder internacional dentro del ejército egipcio.
b) La movilización social. Luego de la
revuelta de febrero de 2011 que depuso a Hosni Mubarak, en las
elecciones del año pasado triunfó el partido Libertad y Justicia, brazo
político de los Hermanos Musulmanes (también se les llama “la
Hermandad”, de tipo islamista tradicional, que a últimas fechas ha
asumido algunos postulados liberales) del cual Mursi fue integrante. Una
vez en el cargo, trató de tomar distancia. Esta organización sufrió un
atentado en su sede por parte de opositores al islamismo, con muertos y
heridos, robo de equipos y documentos; incluso, fue incendiado dicho
inmueble ante la ausencia –primero– y la represión –después– de los
cuerpos de seguridad, lo cual encendió los ánimos contra el gobierno y
salieron millones de personas a las calles (17, según cálculos del
Ministerio del Interior) pidiendo su dimisión (formaron el Frente de
Salvación Nacional, que agrupa a la oposición, www.rpp.com.pe/2013-06-30-egipto-toma-la-calle-),
pero también salieron cientos de miles para apoyarlo, ante lo cual las
Fuerzas Armadas pidieron a los grupos enfrentados que conciliaran sus
posturas y dieron un ultimátum al presidente para atender las demandas o
intervenir directamente en el conflicto. Se recuerda también que, luego
de su elección, el presidente Morsi hizo declaraciones fuertes contra
el ejército, lo que se consideró totalmente inusual, además de lograr
que pasaran a retiro los dos principales líderes militares –que tenían
20 años en sus puestos–, lo que generó tensiones y se consideró “un
desafío” de la Hermandad al Ejército, pero también como un gesto y
puente entre la institución y la dirigencia islámica, perseguida en otra
época y por quien muere asesinado el presidente Anuar el Sadat (www.ahmedbensaada.com/).
c) La relación Hermanos Musulmanes,
ejército y oposición. De lo anterior emerge una situación muy peculiar:
antes, durante la revuelta popular, y después, Estados Unidos tuvo que
apoyar a los Hermanos Musulmanes (como lo hace en Siria y lo hizo en
Libia), acercándose al islamismo conservador para oponerlo al radical,
aceptando su fuerza conservadora, y en Egipto, su antinasserismo (el
coronel Nasser es líder histórico de Egipto por haber nacionalizado el
Canal de Suez y enfrentado a los estadunidenses en esa coyuntura, y por
encabezar el antisionismo y la lucha contra Israel). Y el ejército de
Egipto, a pesar del nasserismo entre la oficialidad joven, es aliado de
Estados Unidos. Entonces un factor de mediación reconocido por ambos es
precisamente Estados Unidos; por ello es muy importante lo manifestado
por Obama. La oposición nacionalista o nasserista, izquierdista y
civilista, y el islamismo radical de origen egipcio (en el momento de
los atentados a las Torres Gemelas, el número dos de Al Qaeda era el
egipcio Ayman el-Zawahiri, conocido como el Jeque Ciego), los
intelectuales, todos, se lanzan en esta coyuntura contra ambos: se
oponían a la intervención del ejército en el conflicto y al gobierno de
la Hermandad, a la constitución de corte islamista fundamentalista,
aunque haya tomado distancia de ellos el presidente Morsi, quien ante el
cuadro político de las fuerzas nacionales en pugna (y sus aliados
externos) intentó un juego político de quedar bien con todos. Por
ejemplo, en la nueva constitución, en el artículo 197, el presupuesto
del ejército no está realmente sometido a control alguno, lo que
permitió seguir protegiendo privilegios que disfrutaba el ejército con
el depuesto Mubarak, en una clara concesión a éste.
Conclusiones
a) La caída del presidente Morsi es un
triunfo de la oposición sobre el islamismo conservador de los Hermanos
Musulmanes, cuya cohesión política fallida con el gobierno proveniente
de sus filas causó una división que aprovechó la oposición aglutinada en
el Frente de Salvación Nacional, en cuya coyuntura el ejército media,
destituye a Morsi pero, a la vez, evita una victoria más radical de la
oposición (muy heterogénea); b) Obama fue claro, se pronunció por la
estabilidad y pacificación del país que ya no garantizaba el presidente
Morsi; entonces, su otro aliado, el ejército egipcio, entra en funciones
conciliadoras, lo que hubiera sido imposible sin la anuencia de Estados
Unidos; c) en dicho contexto, el comandante en jefe del ejército y
ministro de Defensa, general Abdel Fatah al Sisi, compareció en
televisión, flanqueado por líderes opositores y religiosos y la plana
mayor de las Fuerzas Armadas para comunicarle a la nación que el país
tendría un nuevo presidente interino, el jefe de la Corte Suprema
Constitucional, Adly Masour, quien ahora liderará un periodo
transicional que culminará con nuevas elecciones presidenciales y
parlamentarias, bajo supervisión militar. Obviamente, para todo ello,
queda suspendida la constitución política vigente; d) éste es un fracaso
de la política estadunidense para la región y para Egipto, de su
alianza con el islamismo conservador que le obliga a echar mano de su
aliado de hace 30 años, el privilegiado ejército egipcio, la alta
oficialidad proestadunidense. Ante el anuncio hecho, la sociedad
nuevamente salió a la calle y gritaban “no es un golpe, no es un golpe”,
(http://internacional.elpais.com/internacional/2013/07/03/)
arguyendo así un “triunfo opositor”. Se ha dicho que el último intento
tardío de Morsi fue ofrecer un “gobierno de coalición”. Irán deseaba la
permanencia de Morsi para detener a la oposición antiislamista pero
ahora aliada con el islamismo radical, temporalmente.
La lucha continuará entre ambas
tendencias, bajo una nueva coyuntura que solucionara otro proceso
electoral, veremos por cuanto tiempo. Estados Unidos debe alejarse de la
política egipcia y dejar que las fuerzas sociales diriman pacíficamente
y sin injerencias bajo cálculos geopolíticos sus posturas, proyectos e
intereses sociales. Hoy recoge un gran fracaso pero usa una fórmula de
recambio para seguir presente e influir en la nueva coyuntura abierta
hoy, vulnerando la soberanía del pueblo egipcio, ampliamente
participativo y maduro que sabe dirimir por sí solo sus diferencias y
conciliar sus intereses sin intervenciones extranjeras.
*Licenciado en economía, especializado
en economía internacional; maestro en finanzas y especialización en
inteligencia para la seguridad nacional; miembro de la Red México-China
de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México
Fuente: Contralínea 343 / julio 2013
